De Sartori a la actualidad
Desde su nacimiento, la televisión ha ofrecido contenido de entretenimiento, permitiendo a las audiencias explorar mundos maravillosos, motivando a visitar lugares exóticos y a seguir tendencias que, aunque no sean adecuadas para todos, terminan siendo adoptadas de manera generalizada.
Como medio de comunicación, la televisión representa un adversario formidable para los libros y la imaginación que estos despiertan. Se ha convertido en un escaparate atractivo para quienes buscan contenido sensacionalista y disfrutan de la emoción generada por la desgracia ajena.
Giovanni Sartori (1998) se refiere a la televisión como la primera educadora de los niños, quienes consumen una amplia variedad de contenidos, adecuados o no para su edad, influyendo en su desarrollo y potencialmente condicionando su comportamiento futuro. En este sentido, plantea que los niños expuestos a determinados programas pueden formarse como adultos violentos o frustrados, incapaces de alcanzar las aspiraciones proyectadas en la pantalla.
Según Sartori, el Homo sapiens ha experimentado una reconfiguración significativa, pasando de ser un individuo pensante a un Homo videns, caracterizado por la primacía de la imagen sobre la palabra. Mientras que el lenguaje y la capacidad de abstracción diferenciaban al ser humano de otras especies, la creciente dependencia de la televisión ha contribuido a una regresión cognitiva en la que la percepción visual sustituye el pensamiento reflexivo. Este fenómeno se manifiesta en la forma en que las personas se sumergen en la programación televisiva, desconectándose de su entorno inmediato.
Para la generación de los años sesenta, la televisión era un artefacto doméstico ubicado frente a un sofá, donde los miembros de la familia se reunían para ver programas que hoy podrían parecer poco atractivos. En ese entonces, los aparatos televisivos eran escasos y quienes tenían acceso a uno solían compartir la experiencia con amigos y vecinos. En contraste, la lectura seguía siendo una práctica común, apoyada por materiales educativos institucionalizados. No se pretende afirmar que los libros sean superiores a los avances tecnológicos, pues, después de todo, la imprenta de Gutenberg representó un hito tecnológico que democratizó el acceso al conocimiento (Sartori, 1998). Sin embargo, la expansión de la televisión ha reducido gradualmente la prevalencia de la lectura, convirtiendo al libro en un objeto nostálgico y evocador para algunos.
Si, como sostiene Sartori (1998), el Homo videns ha dejado de emplear el lenguaje simbólico para depender exclusivamente de la imagen, entonces la televisión podría estar contribuyendo a una "animalización" del ser humano, propiciando un retroceso en su desarrollo intelectual. En este contexto, surgen interrogantes sobre el impacto de la televisión en los niños, quienes pasan largas horas expuestos a contenidos que refuerzan comportamientos no deseados. La idea de que los niños formados bajo esta influencia se convertirán en adultos violentos y culturalmente atrofiados es, sin duda, una hipótesis alarmante que merece un análisis más profundo.
Con la llegada de Internet, se ha planteado la posibilidad de que la televisión pierda relevancia. Sin embargo, a pesar del auge de la conectividad digital, la televisión sigue siendo un medio predominante en muchos hogares debido a su facilidad de acceso y consumo inmediato. Mientras que la lectura y la escritura fomentan el pensamiento abstracto y la comprensión simbólica, la televisión promueve una experiencia visual que, según Sartori (1998), acerca al ser humano a sus capacidades ancestrales y reduce su capacidad crítica.
Sartori (1998) afirma que "mientras la capacidad simbólica distancia al Homo sapiens del animal, el hecho de ver lo acerca a sus capacidades ancestrales" (p. 57). En este sentido, la cultura audiovisual no promueve el conocimiento, sino que actúa como una forma de entretenimiento pasivo que fomenta la distracción y la desinformación. La manipulación mediática es una consecuencia directa de esta tendencia, permitiendo que el poder político y económico influya en la opinión pública a través de la selección y presentación de contenidos. "Lo esencial es que el ojo cree en lo que ve" (Sartori, 1998, p. 64), lo que evidencia cómo la televisión puede ser utilizada como una herramienta de control social.
En la actualidad, la evolución del Homo videns ha sido impulsada aún más por el auge de las redes sociales y la proliferación de creadores de contenido. Plataformas como YouTube, TikTok e Instagram han potenciado la cultura de la imagen, permitiendo a los usuarios convertirse en emisores y receptores de información visual de manera constante. Además, el efecto avatar, en el que las personas construyen una identidad digital basada en imágenes editadas y narrativas cuidadosamente seleccionadas, para ser quien quieren ser, refuerza la idea de que lo visual predomina sobre la palabra y el pensamiento crítico. La inmediatez y la fugacidad de los contenidos en redes sociales fomentan un consumo superficial de la información, en el que la apariencia, selfis y filtros, y la viralidad tienen primacía sobre el análisis y la reflexión.
La facilidad de acceso a dispositivos móviles y la constante conexión a Internet han consolidado un ecosistema en el que los jóvenes pasan largas horas consumiendo contenido audiovisual, reforzando la premisa de Sartori sobre la transformación del Homo sapiens en un ser dominado por la imagen. La dependencia de las redes sociales como fuente principal de información plantea desafíos importantes, pues, al igual que la televisión, estas plataformas pueden ser utilizadas para manipular la percepción de la realidad y condicionar el comportamiento de la sociedad.
En conclusión, la televisión y la cultura audiovisual han modificado la forma en que los seres humanos procesan la información, desplazando el pensamiento crítico en favor de una experiencia predominantemente visual. Con la irrupción de las redes sociales y la consolidación del efecto avatar, esta tendencia se ha intensificado, consolidando un modelo de consumo mediático basado en la imagen y la inmediatez. Si bien no se puede afirmar de manera categórica que estos avances tecnológicos tengan un impacto exclusivamente negativo, es fundamental promover una educación mediática que permita a los individuos desarrollar una actitud crítica frente a los contenidos que consumen. De lo contrario, podría consolidarse un escenario en el que el Homo sapiens sea reemplazado por un Homo videns acrítico y fácilmente manipulable.
Referencia
Sartori, G. (1998). Homo videns: La sociedad teledirigida. Taurus.